viernes, 18 de abril de 2014

No me digas que deje de hacerlo
porque no voy a dejar de fumarme
cada una de mis ilusiones.

Todos los cortes que hay
por mi cuerpo
son textos
que no pienso descifrarte
ni por todo el coste del mundo.

Que voy a gritar silencios hasta dejarme la voz
y sin contar con nadie.
Y voy a escribir paisajes
para perderme entre sus letras
sin que pueda(s) encontrarme.

Con esto no te digo "fuera"
porque siempre has estado dentro.
Pero quédate con esto:
que cuando digo "esta boca es mía"
quiero que entiendas
que no pienso pedirte opinión.

Ni mucho menos permiso.

miércoles, 16 de abril de 2014



El monstruo...

(de todos nuestros armarios).



He estado soñando últimamente
con aquello que me contabas 
cuando decías que no podías seguir, 
que veías mucho más cuando cerrabas los ojos, 
que necesitabas 
domesticar al monstruo de tu armario 
porque así 
sentirías que había al menos una cosa en este mundo que te pertenecía 
porque tú mismo 
la habías hecho tuya.

Supongo que te escondías, 
nos escondíamos en eso 
porque resulta más fácil fingir que es lo único 
que conocemos. 
Que nunca nos hemos topado con la grandeza. 
Que nunca la hemos arañado buscando la rendija 
que nos permitiera entrar a formar parte de ella. 
Y sí, 
claro que he visto a la grandeza 
esculpida sobre mármol,  
coloreada sobre lienzo, 
e incluso 
pintada a lápiz sobre una triste servilleta. 
Pero, 
¿cómo iba a hablarte a ti de pintar? 
Si nadie sabe hacerlo mejor que tus labios 
cuando dibujan tu sonrisa.

Aún no ha habido nadie capaz de hablarme 
como tú lo hacías.  
De hacerme aspirar sus palabras 
como se inhala el humo de un cigarro 
después de tres cervezas. 

Y dime, 
¿no es eso ya ser grande?

Esta es la imposición que nos dan a elegir. 
El abismo que se nos ofrece. 
Tan formal 
y tan salvaje. 
Tan triste, 
tan bonito. 
Tan intangible. 

Una locura.

Una puta barbaridad.

jueves, 3 de abril de 2014

Contigo aprendí a soñar y a encajar los despertares
Pero en esta última parte
aún necesito algo de práctica.
Aún,
a veces,
se me escapan lágrimas cuando veo que esto es la realidad
y tú
eras el sueño.

Por eso ya no descanso cuando duermo
concentro toda la energía en retenerte
(que es un esfuerzo tan duro como inútil).

Y así,
me despierto más agotada que cuando me dormí
y con ganas
solo
de volver a intentarlo.

Mira que me avisé
"¡No te enamores estúpida!
Acuérdate de la última vez..."

Y tú me lo pusiste tan difícil que tuve que dejarme llevar.
Por ti.
Y que le den por culo a mi razón.
Esta vez,
en el ring,
volvieron a ganar los sentimientos.
No hay quien encaje sus reveses.
Y ahora sigue convaleciente.
Mi cabeza.
Preparándose para volver a entrenar
para hacerse más fuerte que ningún te quiero.

A la tercera va la vencida.

Este es el camino elegido
y no pienso cambiar de opinión.

(Como si tu opinión contase para algo. Ilusa.)


Este es una vuelta a algún pasado.
Soy consciente de las deficiencias del texto
pero también lo sentí.

martes, 1 de abril de 2014

Ésta es tuya...

...aunque se la escriba a otros.



Leí ayer la siguiente línea: 
“Su piel,                   que me corro si me roza su piel.”
Y me supo a poesía.

Pueden pensar que esa frase no tiene nada que ver con la poesía.
¿Demasiado vulgar?
¿Demasiado lejos de sentimientos?

Yo no lo entiendo así.
Destila poesía.

Igual no soy lo suficientemente hábil con las palabras para poder explicarme. Tendrán que disculparme. Pero lo voy a intentar:

Intenten imaginar.

Un vagón de metro y dos jóvenes
se miran,
suenan palabras entre ellos, que su amor
discreto y educado,
solo permite oír a ellos.
Y ríen.
Y entre risa, palabra y mirada se deslizan los besos.
Entre todo ese baile,
tú,
triste espectador,
dejas de distinguir
qué es beso,
qué es sonrisa,
si son dos o es solo uno.
Porque se les ve tan amor
que aunque el escenario sea el metro
y tú solo dos de los miles de ojos
te sonrojas pensando que solo quieres seguir mirando.

Ahora,
por favor,
sean uno de ellos dos.

Te mira,
le miras,
sonríes pensando que es tan tuyo como él te permite,
y suena a promesa.
Escucháis que unos asientos más allá hablan de que este fin de semana cambia la hora
y estalláis en carcajadas por que esos términos suenan tan lejanos para vosotros…
porque sois jóvenes,
y estúpidos,
y voláis tan por encima del tiempo
(porque el amor a veces permite esas cosas).
Te roza,
y tú, pequeña entre sus manos,
tiemblas esperando que su mano se funda con tu cuerpo
que nunca se separe de ti
que no haya medida
que dicte cuánto os separa
porque el espacio entre vosotros no lo permita.

Ahora creo que resulta más fácil imaginar la conversación
que pueda contener esa línea.
Y son él,
o ella,
tratando de explicar con desesperación
que no es excitación cuando están en la cama,
que no está hablando de sexo,
que es pura poesía lo que le recorre cuando están juntos porque,
joder,
es “su piel, 
que me corro si me roza su piel”.

lunes, 31 de marzo de 2014



Que me desees cuando despiertes.
Y cuando te acuestes.
Y hasta durmiendo.

Que recites mi nombre como poesía.
O como una oración.
Y te revuelvas en tu cama buscándome entre las sábanas.

Que me desees,
joder.

Las 24 horas del día.


Dejé de buscarte 
porque había logrado volver a dormir por las noches. 
La nana de las diez consiguió amansar a mis fieras. 
Y a mis demonios. 
Más o menos.

Pero últimamente he vuelto a recorrer playas llenas de gente con la marea agitada, 
y a toda prisa. 
Como si tuviera algún sitio al que llegar tarde. 

Como si después de atravesar un mundo entero de vertederos humanos 
y caminos desdibujados 
fuera a encontrarte esperándome junto a la línea de meta. 

Soy La Princesa 
y he venido a rescatar a Mario. 
Solo por llevar la contraria, 
como si tuviese tu capacidad de darles la vuelta a los días 
cuando empezaban a ponerse negros.

Dejé de rezar desde aquel día. 
No es que haya dejado de creer, 
sería imposible después de haber visto tu milagro. 
Pero pensé que quizás podría chantajearle 
(yo siempre creyéndome tan importante) 
y te devolvería a mi vida con tal de que le devolviese la palabra. 

Aunque, 
lo sé, 
no se te puede devolver algo que nunca te ha pertenecido.

¿Sabes? 
Todavía guardo el beso de la nariz, 
el que me dabas cada vez que no querías despertarme 
(aunque nunca funcionara). 
Lo tengo muy escondido, 
no vaya a encontrarlo, 
porque ya sabes lo tonta que me pongo cuando bebo, 
y lloriquear 
nunca fue mi estilo.
Ayer te vi en la cara de un desconocido.
Y te eché de menos.

Porque últimamente soñar 
ya no se parece tanto a estar contigo.


Te despertarás cada noche cuando caigas al vacío
y te acordarás de mi,
de nosotros.
Del quiero y no puedo en el que nos has convertido.
Y maldecirás mi nombre
refiriéndote,
en el fondo,
al tuyo.
Me creíste tuya,
y lo era.
Joder,
lo sigo siendo,
después de todo.
Pero eso nunca ha atado a nadie.
Quiero decir que te equivocaste
al abandonar tan pronto.
Antes,
siquiera,
de haber empezado con las manualidades.

(Es aquí donde encaja eso de "tú ya me entiendes", ¿no?).


Por amor a amArte



Querías fundar un nuevo mundo.
Creo que me lo enseñaste una vez.
Había piratas con barba roja
pero sin botella de ron,
se habían pasado al gyntonic.
Dormir era una pérdida de tiempo
porque lo que escribió un día un viejo,
tú lo habías hecho realidad.

La vida era sueño.

La mierda de rutina en la que vivíamos,
en la que seguimos viviendo,
esa,
la convertiste en un juego en el que siempre ganábamos los dos,
aunque no sin nuestro par de buenas hostias en cada partida.
Me regalaste aquella habichuela mágica que yo planté y cuidé
para luego fumárnosla en nuestros ratos libres.

Y así,
nos pusiste patas arriba
porque el mundo del revés se ve mucho más bonito,
porque creíste que los que habían inventado el juego nos copiarían,
y con la sangre regándoles el cerebro
cambiarían un par de normas.

Al final no cambiaste nada,
pero yo me sigo pasando por allí de vez en cuando,
a ver que se cuentan los enanos.

Simplemente.
Por amor a amarte.
Si vieras el silencio
sentado junto a mi cama golpeándome
con todos los jamases.
Acusándome.
Contándole a mi miedo lo de los errores.
Y brindando a carcajadas
con los restos de mi pasado.
Solía ir dejando migajas a mi paso,
ya sabes,
para encontrar el camino de vuelta.
Pero a otra persona cualquiera
se le ocurrió la misma idea.
Aunque no creo que nadie quisiera regresar a este lugar.
Supongo que el viento,
con su risa inconsciente,
nos cambió los caminos,
y yo no sé donde encontrarle.
Es tan cambiante como el trago que una vez probé
-felicidad, lo llamó el barman-.
Me tomaré otra copa de hielos derretidos
a la espera de que pase,
no sé quién,
o qué.

Solo espero que se quede a brindar conmigo.

domingo, 30 de marzo de 2014

Cada día un poquito más.
Como rateros con puñales rajándome el orgullo centímetro a centímetro 
con tal de cubrir un día más su necesidad o sus vicios.
Deleitándose con el fluir de la sangre.
Como alimañas. 

Alimentándose del placer de ver cómo encajo sus golpes. 
Y sus mordiscos. 
Puedes correr todo lo que quieras 

pero estarás siempre en el mismo punto. 
Porque las cadenas que te atan a esa puta silla 
son las que te pones tú mismo.
Te dan dos opciones: báilanos el agua, 

o el fuego (lo que prefieras) 
como si rezaras a tus dioses, 
que es lo que seremos para ti.
La siguiente opción consiste en pudrirte de rabia 

y conservar tu libertad 
pero enlatada al vacío. 
Yo aposté por firmar mi enajenación, 

con esperanza en la siguiente vida. 
Pero su maldita impuntualidad me está rompiendo los nervios, 
y la calma también.

Tiré de tanta gente queriendo llevarla tras de mí 

que ahora cuando hablo 
creo que la mejor respuesta es la de mi eco. 

Y recuerdo que tú me decías: 

"Algo siempre es más que nada". 

Y también: 

"Más no siempre significa mejor".

Y yo le sigo dando vueltas 

como si fuera una ruleta, 
jugando siempre al negro. 
Siempre. 

Hasta que este puto juego por fin me dé la razón 

y pueda ir a buscarte para decirte: 
"Ya rompí aquel contrato. 
Y he venido a jugar perderme contigo. 
Y a perder. 
Ya sea la cabeza o la ropa.

Empecemos."
Una mañana, de lunes, de enero. 
Un comienzo en toda regla.
En el pasillo vacío solo él y ella.
"Esta vez no te escapas" y lo decía muy seguro.
Ella se revuelve en sus brazos. 

Por cubrir su papel, ni mucho menos por liberarse. 
Y se escapa un "No vas a besarme".
"¿No lo habías pensado mejor?"
"Y tú rechazaste mi oferta. Solo eres un fantasma."
"Ah, ¿si?"
"Sí."
Y ya no había espacio para palabras entre sus bocas, solo roce de labios. 

Y de lenguas.
Y una sonrisa pícara en los labios de él.

De incredulidad en los de ella.
¿Sabes?
Ese momento
sentado en el asiento trasero del coche
con el cuentakilómetros corriendo
al ritmo de las ruedas. 
Y tú, 
con los cascos puestos,
escuchando cualquier canción
de cualquier músico con aires de rockero drogadicto
de los sesenta,
mientras miras por la ventana cómo pasan los árboles,
la carretera,
los campos llenos de animales rumiando
(curioso paralelismo
entre tú y ellos,
ellos tragando hierba para limpiar su estómago
a modo de purificación,
tú rumiando
tus estúpidas rayadas, intentando sacar toda esa mierda...).
No sé si sabes de qué te hablo.
Pero me encanta
esa sensación. 
Veo pasar todos esos paisajes y no puedo evitar pensar que dejo algo atrás.
(Ojalá)
No sé,
pero me gusta pensar,
imaginar,
que soy yo la que se va.
Sola.
Huyo.
Escapo
de una vida con la que juego a conformarme
cada día. 
Pienso en el porro que me fumo
al llegar a ningún lugar.
Al lado del coche.
En el tercio que pillo
en la gasolinera de cualquier parada en el camino.
En tirarme en cualquier playa
y sacarme otra china.
Darme un baño.
O dormirme al sol.
No sé.
Sí, no sé.
Ni puta idea.
Para qué saberlo. Hacer un plan.
Dejo de pensar estupideces.
Miro el reloj.
Y pienso en el cigarro que me fumaré dentro de 35 minutos.
A ver si se acaba ya esta puta clase.
(Tiene que ser la primera publicación. Fue de las primeras cosas que escribí.
Quien sea aficionado a las películas de Ricardo Darín reconocerá el título. 
La verdad es que acababa de ver esa peli antes de escribir esto aunque no tengan que ver una con lo otro.
Así que se puede decir que este micro-texto fue inspirado por un título, que me recordó a una historia.

Ahí lo dejo.)


El mismo amor, la misma lluvia...



Entre tímidos latidos
que poco a poco amenazaban con desbocarse
se introdujeron en aquel beso
que 
bautizado por la lluvia
marcaba un comienzo.

El comienzo de un amor
que no sería eterno.

El comienzo de un amor
cuyo final sellaría
la misma lluvia
que un día lo quiso bendecir.