domingo, 30 de marzo de 2014

¿Sabes?
Ese momento
sentado en el asiento trasero del coche
con el cuentakilómetros corriendo
al ritmo de las ruedas. 
Y tú, 
con los cascos puestos,
escuchando cualquier canción
de cualquier músico con aires de rockero drogadicto
de los sesenta,
mientras miras por la ventana cómo pasan los árboles,
la carretera,
los campos llenos de animales rumiando
(curioso paralelismo
entre tú y ellos,
ellos tragando hierba para limpiar su estómago
a modo de purificación,
tú rumiando
tus estúpidas rayadas, intentando sacar toda esa mierda...).
No sé si sabes de qué te hablo.
Pero me encanta
esa sensación. 
Veo pasar todos esos paisajes y no puedo evitar pensar que dejo algo atrás.
(Ojalá)
No sé,
pero me gusta pensar,
imaginar,
que soy yo la que se va.
Sola.
Huyo.
Escapo
de una vida con la que juego a conformarme
cada día. 
Pienso en el porro que me fumo
al llegar a ningún lugar.
Al lado del coche.
En el tercio que pillo
en la gasolinera de cualquier parada en el camino.
En tirarme en cualquier playa
y sacarme otra china.
Darme un baño.
O dormirme al sol.
No sé.
Sí, no sé.
Ni puta idea.
Para qué saberlo. Hacer un plan.
Dejo de pensar estupideces.
Miro el reloj.
Y pienso en el cigarro que me fumaré dentro de 35 minutos.
A ver si se acaba ya esta puta clase.

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