Ésta es tuya...
...aunque se la escriba a otros.
Leí ayer la siguiente línea:
“Su piel, que me corro si me
roza su piel.”
Y me supo a poesía.
Pueden pensar que esa frase no tiene nada que ver con la
poesía.
¿Demasiado vulgar?
¿Demasiado lejos de sentimientos?
Yo no lo entiendo así.
Destila poesía.
Igual no soy lo suficientemente hábil con las palabras para
poder explicarme. Tendrán que disculparme. Pero lo voy a intentar:
Intenten imaginar.
Un vagón de metro y dos jóvenes
se miran,
suenan palabras entre ellos, que su amor
discreto y educado,
solo permite oír a ellos.
Y ríen.
Y entre risa, palabra y mirada se deslizan los besos.
Entre todo ese baile,
tú,
triste espectador,
dejas de distinguir
qué es beso,
qué es sonrisa,
si son dos o es solo uno.
Porque se les ve tan amor
que aunque el escenario sea el metro
y tú solo dos de los miles de ojos
te sonrojas pensando que solo quieres seguir mirando.
Ahora,
por favor,
sean uno de ellos dos.
Te mira,
le miras,
sonríes pensando que es tan tuyo como él te permite,
y suena a promesa.
Escucháis que unos asientos más allá hablan de que este fin
de semana cambia la hora
y estalláis en carcajadas por que esos términos suenan tan
lejanos para vosotros…
porque sois jóvenes,
y estúpidos,
y voláis tan por encima del tiempo
(porque el amor a veces permite esas cosas).
Te roza,
y tú, pequeña entre sus manos,
tiemblas esperando que su mano se funda con tu cuerpo
que nunca se separe de ti
que no haya medida
que dicte cuánto os separa
porque el espacio entre vosotros no lo permita.
Ahora creo que resulta más fácil imaginar la conversación
que pueda contener esa línea.
Y son él,
o ella,
tratando de explicar con desesperación
que no es excitación cuando están en la cama,
que no está hablando de sexo,
que es pura poesía lo que le recorre cuando están juntos
porque,
joder,
es “su piel,
que me corro si me roza su piel”.
que me corro si me roza su piel”.
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