jueves, 3 de abril de 2014

Contigo aprendí a soñar y a encajar los despertares
Pero en esta última parte
aún necesito algo de práctica.
Aún,
a veces,
se me escapan lágrimas cuando veo que esto es la realidad
y tú
eras el sueño.

Por eso ya no descanso cuando duermo
concentro toda la energía en retenerte
(que es un esfuerzo tan duro como inútil).

Y así,
me despierto más agotada que cuando me dormí
y con ganas
solo
de volver a intentarlo.

Mira que me avisé
"¡No te enamores estúpida!
Acuérdate de la última vez..."

Y tú me lo pusiste tan difícil que tuve que dejarme llevar.
Por ti.
Y que le den por culo a mi razón.
Esta vez,
en el ring,
volvieron a ganar los sentimientos.
No hay quien encaje sus reveses.
Y ahora sigue convaleciente.
Mi cabeza.
Preparándose para volver a entrenar
para hacerse más fuerte que ningún te quiero.

A la tercera va la vencida.

Este es el camino elegido
y no pienso cambiar de opinión.

(Como si tu opinión contase para algo. Ilusa.)


Este es una vuelta a algún pasado.
Soy consciente de las deficiencias del texto
pero también lo sentí.

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