Cada día un poquito más.
Como rateros con puñales rajándome el orgullo centímetro a centímetro
con tal de cubrir un día más su necesidad o sus vicios.
Deleitándose con el fluir de la sangre.
Como alimañas.
Alimentándose del placer de ver cómo encajo sus golpes.
Y sus mordiscos.
Puedes correr todo lo que quieras
pero estarás siempre en el mismo punto.
Porque las cadenas que te atan a esa puta silla
son las que te pones tú mismo.
Te dan dos opciones: báilanos el agua,
o el fuego (lo que prefieras)
como si rezaras a tus dioses,
que es lo que seremos para ti.
La siguiente opción consiste en pudrirte de rabia
y conservar tu libertad
pero enlatada al vacío.
Yo aposté por firmar mi enajenación,
con esperanza en la siguiente vida.
Pero su maldita impuntualidad me está rompiendo los nervios,
y la calma también.
Tiré de tanta gente queriendo llevarla tras de mí
que ahora cuando hablo
creo que la mejor respuesta es la de mi eco.
Y recuerdo que tú me decías:
"Algo siempre es más que nada".
Y también:
"Más no siempre significa mejor".
Y yo le sigo dando vueltas
como si fuera una ruleta,
jugando siempre al negro.
Siempre.
Hasta que este puto juego por fin me dé la razón
y pueda ir a buscarte para decirte:
"Ya rompí aquel contrato.
Y he venido a jugar perderme contigo.
Y a perder.
Ya sea la cabeza o la ropa.
Empecemos."
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